Soy Pecador

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EL CAMINO DE LA DEFORMACIÓN
Soy pecador.
Yo tenía una cámara de cine en la mano. El Cuerpo del Ejército de Galicia había
entrado en Valencia. En la Plaza del Caudillo se alzó la hostia consagrada ante la
pequeña Virgen de los Desamparados. Al sol, de rodillas, millares de criaturas, la ciudad
entera entregada. Sedienta de Patria, Pan y Justicia. Masa de «rojos» desengañada y
hambrienta que se encontraba (como nadie pudiera imaginárselo ni vivirlo)
predispuesta a ejercitar un cristianismo integral, a entrar en la pureza de la
Transparencia.
Un día, el Gobernador quiso luchar contra los precios abusivos. La Delegación
Provincial de Propaganda montó, a través del hilo telefónico el primer «Circuito de
Propaganda Nacional en Levante», CPNL, una red de 19 líneas para estaciones
amplificadoras con varios altavoces, en mercados, entradas de la ciudad, paradas de
tranvías y otros lugares propicios a la difusión.
Aquella Operación tenía, cuando menos, que dar de comer a los que la realizaban.
Y fue entonces cuando surgió la Publicidad Comercial bajo el buen propósito de ayudar a
salir del gran colapso.
A mi manera, «inventé» la publicidad dialogada en ripios pegadizos y simpáticos a
las gentes. Acudí a voces de sexo opuesto y hasta exóticas, empleando una argentina
como atractivo.
Desde las 8 de la mañana hasta las 10 de la noche (un equipo de pobres
insensatos) machacaba los oídos y los nervios de las gentes a título de necesidad de
contener los precios, excitar al desarrollo y alegrar y distraer a las gentes.
Así nació el primer hilo musical después de la Guerra, el nuevo negocio de
«hágase Vd. el dibujo acústico de su marca» y los machacantes y ripiosos slogans.
Necesitábamos simplemente comer y a nuestra mano no disponíamos de otra forma.
Quien en 1930 había soñado una cinta del «sentido místico de la energía», su
instinto de conservación propia, el hambre de los suyos y (por qué no confesarlo
también) la vanagloria de sobresalir, sin tener conciencia de la trascendencia del daño,
puso en marcha una polución sonora infernal que, cuanto más tiempo pasa más lo llena
de pesadumbre, al sentirme uno de los fundadores de la cretinización colectiva;
quemando para el diablo la sensibilidad virginal de criaturas tan divinamente
predispuestas por el destino a convertir en eucarísticos todos los actos de su vida.
| José Val del Omar, s.f. Fuente: manuscrito, Archivo María José Val del Omar – Gonzalo Sáenz de Buruaga |

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